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Este frío y obscuro calabozo se ha convertido en mi hogar. Abandonada en el olvido he aprendido a encontrar alegría en tus visitas, cada vez menos frecuentes. Me gusta pensar que vienes porque me extrañas, porque en el fondo sabes que me amas. Sin embargo es bastante claro que solamente te apareces por aquí para asegurarte de que no haya escapado. Recuerdo cuando venías más seguido. Me abrazabas e incluso me besabas. Yo creía que era amor. Desafortunadamente estaba equivocada. Tus motivos eran más obscuros y siniestros.

Con el paso de los días dejaste de visitar mi calabozo y en un arranqué de empoderamiento escapé de mi celda. No pasó mucho antes de que me encontraras. Convencida de que volverías a arrastrarme al encierro con engaños y falsas promesas intenté esconderme donde nunca pudieses encontrarme. Olvidaba que me conoces demasiado bien. Cuando menos lo esperaba ahí estabas, sentado a mi lado, compartiendo mi escondite. ¿De qué nos escondemos? – dijiste. Como si el enemigo estuviera afuera, como si juntos estuviésemos a salvo. ¡Sal de aquí! ¡Déjame ser libre! – te dije. Pero no me escuchaste. Tomaste mi cintura y me abrazaste de modo que mi cara y tu cara se encontraban a pocos centímetros de distancia. Podía sentir tu corazón palpitar. El mío en sintonía con el tuyo. Tu aliento, tu calor. Entonces cedí. Te besé y sin mirar atrás desnudé mi alma una vez más.

No puedo recordar qué me dijiste después pero de alguna manera me convenciste de regresar a tu castillo. Me encerraste en el mismo calabozo prometiendo que era algo temporal en lo que preparabas mi habitación. Y yo te creí. Los días pasaron y comencé a desesperarme. ¿Cuándo estará listo mi cuarto? – preguntaba. Pero tú siempre desviabas la conversación. Escucha esta canción, me hace pensar en nosotros – decías. Entre más evadías mis preguntas mayor era mi desconfianza. Al ver que mis preguntas eran cada vez más constantes y agresivas comenzaste a disminuir tus visitas. Llena de dolor encontré consuelo en la esperanza. Si había escapado una vez, entonces podría hacerlo de nuevo. No fue fácil pero lo hice. Salí de aquel horrible lugar y me prometí a mí misma jamás volver. Por miedo a volver a caer en tus engaños, esta vez me refugié en mi familia y mis amistades, quienes me recibieron con los brazos y el corazón abierto.

Cuando saliste a buscarme yo ya me encontraba bajo tutela de aquellos que no te permitirían acercarte de nuevo a mí. Eso me hizo sentir segura. Los primeros días me refugiaba en sus casas, donde sabía que no estaría sola. Mi familia y amigos se tomaban turnos cuidándome y su protección te mantenía alejado. Con el paso del tiempo comencé a pasar algo de tiempo por mi cuenta. Me sentía fuerte y segura.

Como era de esperarse, en cuanto me viste sola intentaste abordarme pero esta vez logré mantenerte alejado. Al menos así fue hasta que un día llegué a mi casa y te encontré ahí dentro, llorando. Me abrazaste y sentí cómo tu corazón parecía explotar dentro de tu pecho. ¡Perdóname! – decías. ¡Te amo! Quería creerte. Sin embargo algo dentro de mí me decía que debía mantenerme alerta, que no bajara la guardia. Si me amas, ¿por qué me encierras? – pregunté. Te disculpaste por tus acciones, por comportarte como un niño. Suplicaste por otra oportunidad y juraste tener claridad de pensamiento. Pude ver el dolor en tus ojos, sentir cómo tu corazón se quebraba en tu pecho. Accedí. Tomé tu mano y juntos caminamos hacia tu castillo. Esta vez no tuviste que engañarme para que regresara al calabozo. Sabía que la habitación que prometías darme se encontraba aún en obra negra y que no contabas con los recursos para terminar de construirla.

Dicen que la esperanza es lo último que muere. Y a estas alturas yo ya no se quién es el villano en este cuento. Presa en este calabozo he perdido la noción del tiempo. Ya ni siquiera planeo mi escape. He perdido la esperanza.


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8 thoughts on “Prisionera

  1. Wow!
    Me identifiqué mucho por una situación que estaba viviendo. Escribes hermoso, gracias por compartir tu don al mundo, ayudas a que personas como yo podamos ver claramente que no somos las únicas por las que pasamos este tipo de experiencias.

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  2. Deseo pegarle a la chica del cuento. Me gusto mucho esta corta historia. Haces clik en mi para seguir escribiendo. Gracias por compartir tus historias y escritos.

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