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Estoy aquí intentando resolver este problema. Verás, dicen que la tragedia con el tiempo se convierte en comedia y mucha falta me hace reírme. Pero en esta ecuación mi problema es con el tiempo porque si bien no puedo decir que no pasa, lo cierto es que la agonía de la espera esta noche se siente como el peso de cien años, y no existe receta que pueda eliminar de mi mente el sonido de tu voz. Mi frente sudando ante la angustia de saber que las cosas no debían ser así.

Puedo escuchar el sonido del vacío llamándome e invitándome a refugiarme en esta soledad que me recuerda que, aunque duele, estoy haciendo lo correcto. Quiero encontrar una nueva perspectiva que me permita sentir paz y olvidar esta agonía, pero el tiempo es cruel y los minutos son el verdugo que me recuerda a amores pasados, duelos que por años fueron inconclusos. Deseo adoptar una postura positiva pero la herida es fresca y no puedo hacer nada para que cicatrice más rápido. Abrazo esta vulnerabilidad y entiendo que no me queda más que darle tiempo al tiempo. No quiero preocuparme así que intento ocuparme, pero esta soledad no se cura con compañía.

No estoy segura de cuál es la pregunta pero sin duda en estas reflexiones me acerco a la respuesta. No te pido nada y no me importa cuáles sean tus culpas porque no se trata de alimentar un resentimiento que únicamente envenena mi ya decaído espíritu.

Con mucho dolor acepto mis culpas y las miro a los ojos mientras una implosión en mi pecho me libera y a la vez me permite sufrir en paz. Es momento de abrazar todos estos sentimientos que nadie me deja sentir y decirles a aquellos que intentan darme consuelo con palabras de aliento y distracciones que me dejen llorar y me dejen vivir este proceso. Nada gano negando y cubriendo la herida. No es menos real y aunque algo de morfina me ayude a calmar el dolor no puedo negarme el derecho a sanarme.

Hoy cierro los ojos y entre llantos suplico a la vida que me conceda la serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar y me ahogo en el coraje que implica aceptar mi derrota. Con la cabeza en alto miro al vacío y respeto cada uno de los sentimientos que implica tener que esperar y darle tiempo al maldito tiempo, que no pasará ni más rápido ni más lento.

Una noche larga me espera y con valentía me sumerjo en la obscuridad que hoy parece no terminar. Sé que el sol eventualmente saldrá y acariciará mi piel pero no logro encontrar consuelo en ello. Aún así me dispongo a caminar por este lúgubre sendero y apelo a mi fe y a mi anhelo de salir adelante con una nueva cicatriz que algún día será parte de mi colección de anécdotas y representará otro capítulo de mi historia. Quizá algún día tenga la fortuna de encontrar con quien compartir mis heridas con la misma apertura que tú y yo compartimos las nuestras mientras soñábamos con ese futuro que hoy has dejado de desear.

Con gran esperanza espero que algún día se extinga esta llama que me impide olvidar esa noche en que esperabas encontrar un final y no pude darte más que un inconveniente “te amo”, respuesta que no por ir contra todo pronóstico deja de ser real. Tengo fe en que algún día desaparecerá de mi boca el sabor de tus labios y olvidaré el calor de tus manos que como imanes no logran resistirse a mi alma. Espero que la vida no se olvide de darme a mí también un nuevo horizonte que me permita dudar como tú dudas al verme y alimente en mí la esperanza de un nuevo futuro que parezca más brillante que aquel paisaje que durante años pintamos juntos.

Si bien por ahora no veo la luz, la esperanza de que algún día dejarás de ser presente para convertirte en pasado algún día será mayor a esta amarga incertidumbre. Mientras tanto caminaré en este bosque y en noches duras y frías como esta aullaré a la luna, testigo que en silencio absorbe mi agonía y me guía en la penumbra. Que la luna sea entonces mi refugio y mi consuelo en esta noche que no logro conciliar el sueño. Espero que mientras tanto tú te encuentres en paz y que todo este sacrificio cobre sentido con tu felicidad.

 


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3 thoughts on “Viernes por la noche

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