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Ana recuerda ese día como si fuera ayer. Confundida y abrumada se sentó en su cama y entró en una clase de transe contemplativo. Su piel estaba irritada de tantas lágrimas, sus ojos hinchados y sus dientes morados como resultado de haberse terminado una botella entera de vino tinto. Hay dolores que son tan fuertes que sin morfina uno se dejaría morir con tal de dejar de sentir.

Es fácil culpar a los demás – pensó. Ella cree que él debió escuchar a su madre cuando le dijo “Pero hijo, nadie te puso una pistola en la cabeza”. Para Ana es complicado comprender cuál es la postura correcta porque ella reconoce este tipo de comportamiento. Esta conducta destructiva en la que caemos cuando tenemos miedo a la confrontación. Ana lo ha hecho muchas veces en el pasado y sabe que las consecuencias de repartir culpas como mártir pueden ser catastróficas. Lo ha vivido en carne propia.

¿Sabes cuántos años toma recuperarse después de caer en un círculo vicioso como ese?

Ana a veces se siente identificada con los alcohólicos anónimos de las películas de Hollywood. Cuando necesita salir de su victimización crónica lo hace a través de su propio programa de 12 pasos. A veces piensa en pedir ayuda profesional, pero la gente que la rodea le dice que es una exagerada, que lo único que necesita es ser menos payasa. Ana siente mucha vergüenza cuando comparte sus sentimientos y se enfrenta con este tipo de reacciones. Es difícil recuperarte de una adicción cuando la gente que te rodea te desacredita cuando intentas reconocer que tienes un problema. Desafortunadamente hay adicciones que tienden a ser subestimadas.

Es muy feo reconocer que tienes tendencias a victimizarte. Se percibe como una falla de carácter, como una característica patética de un fracasado que no merece comprensión y mucho menos compasión. Implica reconocer la vergüenza que se siente al saberse imperfecto. Ana conoce bien el dolor y el rechazo que vienen de la mano con tener ese defecto de personalidad. Usualmente está acompañado de baja autoestima. El problema con los problemas de autoestima es que si de por sí ya te sientes mierda, aceptarlo solamente te pone en una situación más vulnerable. Así que Ana ha caído en el peligroso juego del “ahora me chingo”. El terrible error de creer que las cosas no pueden ser diferentes. Ese falso empoderamiento que se siente cuando uno se resigna. “Soy una persona realista”. Ana es muchas cosas, pero resignada no es una de ellas. Ana no sabe apagar su pasión. Hay veces en que su pasión la domina. Esa es la persona que ella es. Quizá esté mal, quizá su vida sería más fácil si fuera diferente… pero Ana está llena de vida.

¿Qué debo hacer? – se pregunta Ana.

Hay veces en las que Ana se considera una mujer fuerte. Ha superado numerosos obstáculos en su vida. Ana no permite que le digan qué hacer y muchas veces alza la voz aunque quieran silenciarla. Ana ha aprendido por las malas que callarse lo que piensa cuesta caro. Pero Ana es humana, y a veces es débil. Los momentos en los que se siente más desamparada son justamente aquellos en los que tiene pensamientos negativos y se siente insegura. Su talón de Aquiles es el amor.

Los seres humanos tenemos la necesidad de conectarnos con los demás. El amor es, sin duda alguna, la fuerza más grande que existe en el universo. Hay muchos tipos de amor, y todos son importantes, sin embargo, el amor romántico es el que presenta mayores problemas para Ana. Ana ha querido comprender y descifrar el amor desde chica. Es un tema muy importante para ella. Ana ha amado intensamente como ha podido y se ha enfrentado con el dolor del rechazo, la infidelidad y la humillación.

Con los años Ana ha aprendido a amarse a sí misma. Sabe que no es perfecta, y aunque le duelen sus defectos, Ana los abraza como parte de quien ella es. Pero hay días como este en los que Ana vive una lucha interna. Quiere ser fuerte, quiere amar incondicionalmente. Pero el rechazo la hace sentir pequeña. Ana sabe lo que vale, pero el amor la hace vulnerable. Hay días en los que quiere luchar. Hay días en los que lo mira con ternura y comprende que el dolor que le causa no es por que no la ame, sino porque él no ha sido capaz de confrontar sus demonios internos y externos. Ana sabe lo difícil que eso es. Sin embargo, hay días en los que Ana siente que el dolor la consume. No logra desasociarse del rechazo. Se siente pequeña, débil. Recuerda las miradas de desprecio. Recuerda ser ignorada en conversaciones y tratada como si fuese invisible. Las cosas que uno tolera por “amor”.

Es fácil decir “Tú mereces algo mejor”. Para ella era fácil hacerlo antes de que comenzara a escribir su historia a lado de él. Ella lo confrontaba y no le permitía refugiarse en el miedo. “Si me quieres, tendrás que luchar por mí”. Ana no le debía nada. Pero ahora ellos han escrito una historia. Tienen un pasado que los une. Sueños que visualizaron juntos, una vida tomados de la mano. Ana cree en la conexión que tienen. ¿Deberá seguir luchando? Esta guerra interna la consume.



Querida Ana,

Lo que sientes es normal. Es parte de un proceso doloroso que toma tiempo y deberás ser paciente. “Good things come to those who wait”. No te atormentes y permítete sentir la confusión, pero no olvides observar tus pensamientos. Busca dentro de ti la respuesta. Tu intuición es sabia. No intentes arreglar lo que está roto en los demás sin antes pararte frente a un espejo y confrontar tu propio reflejo.

Acepta tu vulnerabilidad, abraza a tus demonios y conviértelos en grandes maestros. Solamente así dejarán de ser tus verdugos y tú serás libre. No es la primera ni será la última vez que seas víctima del abuso, pero jamás te conviertas en tu propio verdugo. Si fuiste capaz de amarle y perdonarle te invito a que te trates a ti misma con esa compasión que te caracteriza y te convierte en una mujer inolvidable.

Con cariño,

Ana – en un futuro menos lejano de lo que imaginas.


 

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